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Llevábamos semanas intensas.

La colección 2027 está tomando forma y, aunque todavía no podemos contar mucho, os adelanto que viene con cambios importantes. De esos que te emocionan y te agobian a partes iguales porque sabes que estás tocando cosas que funcionan, pero que pueden funcionar mejor.

Paralelamente, estábamos dándole vueltas a la imagen de marca. Queríamos refrescarla, pero sin perder la esencia. Y claro, no queríamos que fuera una decisión de despacho. Si Pilatus es lo que es, es por el equipo que hay detrás.

El All Hands de cada mes

Una vez al mes nos juntamos todos para hacer balance. Cada área comparte sus números, sus retos, lo que funciona y lo que no. Es ese momento en el que sales de tu burbuja y ves la foto completa.

Esta vez fue especialmente intenso. Hablamos de producción, de las certificaciones nuevas que estamos consiguiendo, de cómo está evolucionando la comunidad, de ventas... Muchos datos, muchas decisiones por tomar.

Y entonces alguien dijo: "¿Y si nos vamos a comer sushi y seguimos hablando de esto sin PowerPoints de por medio?"

Sushi Time: 77 piezas después

Acabamos en una mesa llena de bandejas, sake, y conversaciones que iban desde "¿cómo optimizamos el packaging?" hasta "¿alguien más piensa que este maki está claramente sobrevalorado?"

Lo que empezó como una extensión del meeting se convirtió en algo totalmente distinto. Sin agenda, sin presentaciones, sin presión. Solo el equipo hablando con honestidad sobre hacia dónde queremos llevar Pilatus.

Surgieron ideas que jamás habrían salido en la sala de reuniones. Alguien propuso un concepto para la nueva imagen que nos dejó a todos pensando. Otro cuestionó algo que llevábamos meses dando por sentado.

Y en medio de todo eso, nos pusimos a contar piezas. No sé quién empezó, pero acabó siendo una competición ridícula y divertidísima. El récord: 77 piezas. No voy a decir quién fue, pero digamos que esa persona no cenó.

Por qué importan estos momentos

Trabajamos rápido. Muy rápido. A veces demasiado.

Es fácil caer en la trampa de pensar que parar es perder tiempo. Que si no estás produciendo, avanzando, ejecutando, te estás quedando atrás.

Pero estos momentos son los que realmente construyen un equipo. No las reuniones eficientes ni los Slack bien organizados. Son las conversaciones sin guion, las risas absurdas, el descubrir que tu compañero tiene una opinión brillante sobre algo que ni imaginabas.

Esa tarde salimos de allí con más claridad sobre la colección 2027, con una dirección para la nueva imagen de marca, y con la sensación de que estamos construyendo algo juntos. De verdad juntos.

Y sí, también con el estómago lleno de sushi.

Nos vemos en el próximo destino.

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